Rigor. El Catedrático de Derecho Civil José Luis Moreu puso el toro en los medios, introdujo la cuestión situándonos ante la perspectiva jurídica de este tan biensonante concepto: la Transparencia. En un mundo como el del Derecho, donde casi todo está inventado, la Transparencia se ha ido abriendo paso en los últimos quince años como una novedad irrefrenable, como una necesidad que clama frente a la creciente opacidad del poder público. A pesar de esta inmediatez, la transparencia aparece ya implícita en numerosos preceptos de nuestra Constitución, desde aquellos que posibilitan la participación del ciudadano, como el art. 23, hasta los que hablan del acceso de los ciudadanos a los archivos y registros administrativos, como el art. 105. La Transparencia estaba ya pues intuida, prefigurada en nuestra Carta Magna. Pero ¿Cuál es el estado de la cuestión? Escuchemos al resto de ponentes.
Brillantez. El profesor Guillermo Fatás, con brío y sin zarandajas nos introdujo en el, a tenor de sus palabras, proceloso mundo de los medios de comunicación. La tramoya que existe tras unas publicaciones en ocasiones enfrentadas ideológicamente y sin embargo pertenecientes al mismo grupo. Lo que se dice y lo que se calla, las relaciones entre medios de comunicación y Administraciones Públicas, las claves de la carta de navegación que un lector crítico debe conocer para manejarse entre información abundante pero seleccionada. Tras un lector crítico se esconde un ciudadano crítico, un ciudadano no indiferente, y a muchos nos sonaba que UPyD había surgido del impulso de muchos ciudadanos críticos, críticos y activos. Brillante como he dicho Guillermo Fatás, pero también desenvuelto y cercano.
Claridad. Profesionalidad. Félix Gracia Romero, secretario de la Asociación para la Defensa de la Función Pública en Aragón, es un ejemplo de que la sociedad civil se mueve. Y de que a nuestros políticos al uso no le gusta. Nos presentó un panorama interno de nuestra Administración Autonómica donde se producen situaciones como que la “publicación” respecto a cargos de confianza establecida por la Ley del Presidente de Aragón es sustituida por la simple “publicidad”, y esto no es meramente una diferencia terminológica. Dónde si solicitan información se les exhorta a que presenten recurso ante los tribunales para que sean estos los que se la faciliten. Ya no es que no se les entregue dicha información, es que se les mira mal, es que resultan incómodos. Incómodos por defender los principios de la función pública frente a quienes debían de ser garantes de ellos. Si después de oír esto uno no se preocupa, es que la sensibilidad se nos está embotando.
Frescura. Trabajo. Cuando Cristina Andréu, candidata de UPyD a las Cortes de Aragón, fue desgranando las numerosas iniciativas llevadas a cabo para obtener información de las Administraciones, información que nos es debida, y sus resultados, uno no podía ocultar una sensación entre indignada y divertida. Sin noticias de Gurb, se titulaba el libro de Mendoza. Sin noticias de las Comarcas, podría titularse el resultado de las demandas de información dirigidas a las mismas para conocer los criterios establecidos para regular el copago de servicios sociales. Un año y tres meses de silencio administrativo. Pero tras la falta de transparencia se encuentra tanto un deseo de ocultación como en ocasiones una pura y desnuda ignorancia. En el Ministerio de Educación, expuso Cristina, preguntados al respecto no saben cuántas leyes de educación rigen en España. Quizá ni les importe. Las notas de humor no ocultaban la gravedad que todo esto encierra. Y la reacción de unos y otros, PSOE y PP, cuando una institución como el Tribunal de Cuentas les saca los colores es la misma: acusarlo de estar politizado, disparar al órgano ante el que deberían dar cuenta. No puedo sino quedarme con la reflexión final de Cristina: en las democracias el poder es transparente y la vida privada de los ciudadanos debe ser opaca; en los sistemas totalitarios la vida de los ciudadanos es transparente y el poder es opaco. ¿Hacia dónde caminamos? Tristemente… ¿de dónde estamos hoy más cerca?
Tras la exposición de los cuatro ponentes se abrió un debate en el que los asistentes plantearon no solo sus preguntas sino también sus posiciones. Dos preocupaciones sobrevolaron repetidamente el auditorio. Una el incumplimiento reiterado, descarado, de la ley. Es decir, la quiebra de la seguridad jurídica, quiebra que se ha acentuado en los últimos años y que no es baladí, pues sin seguridad jurídica no hay democracia. Y en segundo lugar y sobre todo, la impunidad. La sensación de que ocultar, negar información, saltarse las obligaciones impuestas al respecto, es gratuito, no conlleva ni responsabilidad ni reprobación. Esta sensación que tiene la gente, la gente normal, no es que sea un estado de ánimo, es que es una marea. En nuestras manos está encauzar esa percepción, esa marea, para que sea una marea magenta. Probablemente sea cierto que hay mucha gente caminando por ahí que son de UPyD y todavía no lo saben. Habrá que darles la noticia.
El coloquio, interesante y de ritmo sostenido, adquirió viveza con puntuales divergencias no exentas de complicidad entre Guillermo Fatás y Cristina Andreu, discrepancias sobre quizá un fondo común. Reseñar finalmente que hubo que lamentar la ausencia por un contratiempo familiar de José Luis Piñar Mañas, exdirector de la Agencia Española de Protección de Datos, que sin duda hubiera ampliado un campo de visión que ayer nos quedó bastante diáfano.
Que nos echan, que suenan las nueve y media y el tiempo se escapa. La gente quiere saber, la cosa pública debe serlo: pública y accesible. En esa lucha estamos.



